Beso frío

Para el primer poeta

que conocí en la vida.

Al igual que mi abuelo

En sus días postreros

Comienzo a ver la muerte

En diferentes lugares y estados.

En espejos, manchas, paredes

Hasta en la foto de un billete arrugado.

A veces la veo sonriente.

En ocasiones mirando al vacío,

Otras veces incomprensible,

Totalmente huérfana de sentido.

Con sus ropas ajadas

Oscura, aletargada, tenebrosa.

Con su mirada altiva, penetrante,

fruta atractiva y venenosa.

Pero mi pobre abuelo,

no sabía de que iba la cosa.

El pensaba que era una “virgen”.

Una señora milagrosa,

La imagen que le hacía compañía.

“¿pero no la ve iñor?”

Indignado me rugía.

Apuntando a una mancha de humedad.

y bueno, en ocasiones,

La locura es hermana de la soledad.

¿Y que le iba decir yo al viejito?

Si con 12 años, de vírgenes,

conocía solo lo que había por escrito.

Y así siguió con la imagen confundida

Acariciando la pared al lado de la cama.

Hasta el último de sus días

Cuando la caprichosa muerte

Se fue a acostar a su lado.

Y con un largo y sonoro beso

Le puso el pijama de palo.

Mi pobre abuelo se veía enojado.

En el velorio estando todo tiezo.

Con la rabia de quien fue engañado

por una imagen milagrosa,

Pared corroída tapada de yeso.

Por lo mismo estoy seguro

Que la muerte es la que me mira

La que solapademente me vigila

Y que aparece en cualquier parte.

En los ojos de mis gatos,

en el ruido del desahüe,

en los espejos de la micro.

En el agujero de la lavadora.

En una televisión cuando esta apagada.

O cuando despierto y miro la hora.

En la luz del crepúsculo,

en la cara de mi jefe.

En el fondo de la botella.

Hasta en la ventana cuando llueve.

Y mi unica certeza

es que esta vieja

quiere encamarse conmigo.

Darme un beso de buenas noches,

Y mandarme al reencuentro

De mi abuelo querido.

Bar London, Carrer Nou de la Rambla #34. En una de las arterias más vivas del Raval, se encuentra este templo etílico. Una larga barra de madera rinde homenaje a uno de los bares más antiguos de Barcelona. En este longevo garito se dieron cita personajes como Dalí, Picasso, Bolaño; entre otros. Debieron rascarse con esmero sus bolsillos, considerando que vale 4€ empinarse una Estrella Damm. Su lúgubre iluminación y la música ochentera lo hacen el lugar idóneo para ir en pareja o en búsqueda de lo oscurito. Un trapecio cuelga de una de sus vigas… Los espíritus de miles de parroquianos continúan meciéndose en él.

Anuncios

Calama

Zapatos secos en el techo,

junto a ruedas y otros trastos,

el control a la amenaza

del viento y sus arrebatos.

Un tanque abandonado,

hediondo a meado,

rodeado de desierto.

De montañas de arenas,

diques ciegos de recuerdos.

De silencio.

De polvillo que te raspa la piel

De perros flacos por las calles

Vagabundos y alguna llama,

sin nada que perder.

Una feria enorme,

basura en las esquinas,

ekekos en ofertas,

niños manejando carretillas.

Llegando tarde a la pega.

El mineral al fondo.

La postal de una hoguera palpitante,

temblores cada cierto rato,

explosiones fulgurantes.

 Arsénico y muerte por los aires.

Un rio flacuchento

como las cañuelas de mi hermano.

Almorzando en shoperias,

mineros recién pagados.

Bebidos y cantores.

Con vinchucas en los baños

Cañerías congeladas,

los domingos en el estadio.

Hoy miro fotos y sonrío,

la magia eras tú,

bello Calama adormilado. 

 

Bar la Masía. Carrer d’Elisabets #16, Barrio del Raval. A pasos del MACBA, colmena de skaters y fumetas, se encuentra el acogedor bar de tapas. Rincón ideal para refugiarse en días de frío, de lluvia o melancolía. Con posters del F.C. Barcelona en las paredes y pipas en las esquinas; este garito invita a sentarse y relajarse. Mirar los guiris degustar pimientos del padrón y escuchar conversaciones de universitarios. Jóvenes que aún mantienen la llama viva y la ilusión de que nos salvaremos. Las tapas no son muy agraciadas, pero si sabrosas. El camarero de la barra: Un crack. 

Una de camareros

Si le preguntas a algún camarero

¿Qué quiere cuando plega?

Te contestará:

“Tranquilidad y una birra”.

O capaz que no te responda,

Serán sus ojos rojos los que lo hagan.

Su pulso frágil y tembloroso.

Su nerviosismo trepidante,

Con un tono de voz serio y frío.

Capaz que te esboce una mecánica sonrisa,

Como las que ves en los culebrones.

O capaz te regale un silencio.

Un honesto y fatuo silencio.

Mientras furiosas olas rompen en su mente.

Enajenarse es fácil cuando deambulas por una barra.

Por eso mejor ignóralo.

Él prefiere su solitario sarcófago.

En donde infernales ecos le interpelan:

“¿Hasta cuándo aguantarás este ritmo?”

Las luces se apagan melancólicamente,

Mientras su alma grita desdichas,

Lamentos, bebidas y frustraciones.

Y uno que otro café descafeinado de sobre,

Con la puta leche desnatada.

 

Barna Brew, Carrer Parlament #45. A una cuadra del modernillo Mercat de Sant Antoni, se erige este pulcro y animado manantial de cerveza artesana. A pesar de estar en el epicentro hipster, los precios de sus cervezas son bastante coherentes. Ideal para hacerse el lindo e invitar unas copas. Sus tesoros son las cervezas de tirador, tres de las cuales se fabrican en el mismo bar. Los precios de la cocina son otra cosa… sin embargo si dejas que la cerveza fluya, florecerá el lúpulo en tu jardín interior.  

Agosto

Agosto en Barcelona,

triste, solo, depresivo.

Buscando algún bar vacío

donde ocultar el caracho,

y escupir la rabia.

Mirando restaurantes,

imaginando que entraba,

pagaba y comía.

Engañándome con anhelos

arrancando del subsuelo

que me tira de las patas.

Observando muebles tirados,

tesoros para un chatarrero

que me mira con desconfianza.

Gente paseando con sus perros,

atrapados por sus teléfonos.

Tiendas cerradas

al igual que el rincón de mi alegría.

Sellada bóveda vacía,

llena de estropajos

y telarañas.

Recuerdos de otros veranos.

Pintadas feas

en paredes descascaradas,

mohosas, enfermas.

Y así encuentro la taberna:

San Miguel a 1 euro.

Lugar tranquilo,

mesas vacias.

Una tele encendida

mostrando un chino cantando.

Más allá

un ventilador rotando

palpitando como locomotora

esparciendo el aire

y toda la tristeza

de agosto en Barcelona.

 

Bar Porto Colon.  Carrer d’En Fontrodona, esquina Vila y Vila. Bar de barrio ubicado en el Poblesec. Bocadillos clásicos, cerveza barata, promociones de hamburguesa, menú del día. Con un televisor grande, ideal para ver fútbol o lo que salga de ese aparato. Al costado de Molino y a pasos del Apolo. Perfecto para hacer la previa antes de cualquier espectáculo. Su ubicación céntrica permite disfrutar la simbiosis de turistas perdidos y parroquianos de toda la vida. Baño en correctas condiciones, salvo el papel higiénico que raspa hasta paredes. Precios populares. 

Pequeño superhombre

Nuevamente te observas pequeño superhombre

en el reflejo del cristal de tu bar Manolo.

Miras las bravas, la tortilla, las croquetas;

tratando de pasar con el máximo decoro.

Semi recto sobre un taburete.

Pelele empaquetado buscando el desahogo.

A tu lado un borracho habla como loro

en otra de las tramas repetidas de la urbe.

Agita una mano y bebe una copa,

y otra y otra.

Buscando en el olvido,

algún rastro de sentido

a esta cotidiana broma.

En la que un día te exprimen

y al otro te follan.

Para dejarte sentado en alguna barra

masticando triste semillas saladas

que hacen añicos la loza de tu boca.

De reojo observas una tele,

retrete con momias vestidas de seda

bailando cantando y luciendo,

prendas que nunca verás en tu acera.

Su riza tonta contamina

los ojitos de esa abuela que la mira,

bebiendo su cortadito descafeinado de sobre.

Con dos sacarinas.

Al otro lado de la barra,

el camarero le saca brillo a una copa.

Encumbrado en sus pensamientos,

borrando el carmín de una señora

mientras los segundos te consumen.

Te aprietan y te ahogan.

Y desde tu corazón, pequeño superhombre,

brota furioso un manantial de tristeza.

Y haces un caldo de cabeza,

mientras apuras tu cerveza.

Pides la cuenta y te las piras.

Pensando que mañana

estarás de nuevo en la oficina

En esa rutina odiosa

película, monótona y desteñida.

Las.moscas.vuelan.en.círculo.

Ellas.si.que.saben,

pequeño superhombre.

 

Bar la Bota. Carrer d’En Fontrodona, 23, Poblesec. Pequeña y acogedora cantina. Un clásico del barrio. Con Estrella Galicia de tirador, cócteles, empanadas y un proyector con cine mudo. Se prende tipo 11 de la noche. Esporádicamente se puede encontrar música en vivo. Ideal para conversar y conocer gente.